Padre nuestro que estás en el cielo
puedes olvidarte de ese pan de cada cuanto
de ese soberbio perdón
a cada ofensa que esgrimo
de ese reino erigido en tan falsas tus promesas
que hoy me niego a aceptarlo como mío
y que se haga como siempre
tu infinita e irreprochable voluntad
que todo aquello que pude entender como divino
decidiste guardarlo en algún punto
así entre mi tierra como en tu cielo
puedes también olvidarte de coartarme cada nueva tentación
porque acostumbro conservarme intactas
las pocas malicias que me mantienen vivo
santificadamente vivo
solo te agradezco los males que nunca me enseñaste a librar
y padre nuestro disfruta tu cielo
que de este infierno de papeles en blanco
des-atinos
tristeza
reproches
soledad
y alaridos
ya veré como encargarme
ya sea con puntos y comas
tachones o erratas
o al menos con sorna
y padre nuestro ya nada te debo
Amén.
Antonio Andrade
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En su justa medida entre respetuoso y ofensivo. Como quien habla con un amigo que ke ha traicionado. Me ha gustado.
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