Mostrando entradas con la etiqueta Jorge Rodríguez Lagos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jorge Rodríguez Lagos. Mostrar todas las entradas

Castillo de Naipes



Por Jorge Rodríguez Lagos

los sueños
de los pobres
se dibujan a pulso /sobre papel
tu,solías decir:que querías ser maestra
para educar...
entre tantas personas
que desconocen la fragil voz
de sus cuerpos
desde niña
tenias que trabajar
sangrante mano en la quijada
sangrante
sangrante pecho
sangrante
hoy frente a tu sangrante cruz
te recuerdo
con un ramo de flores
tu,me enseñastes A AMAR
AL PUEBLO
sus viejas ropas
sus sangrantes miserias
sangrantes
sus sangrantes sueños
sangrantes
sangrantes

VOTÁ Y COMENTÁ LA OBRA

MUJER ADORACION



(Poemas de un hombre para una mujer)
Por Jorge RODRIGUEZ LAGOS
reydcopan@gmail.com

Mujer adoración
Tú que me doblas y desdoblas
Con tu ternura que haz botado mis mascaras
Que me desnudas
Dime algo
Que arme
El terco rompecabezas
De los deseos

Ángel divino / dulce de mis anhelos
Caprichosa

Humedece
Con tu agua fresca
El oscuro animal de las dudas
Empieza
Por creer
Que la belleza es una lagrima
En las manos de una niña
Deja que mis pájaros
Se ajusten de tu cuerpo
A su tibio barro
Vivamos el momento
Olvidemos el ayer

VOTÁ Y COMENTÁ LA OBRA

Cabeza de perro en el muro


Por Jorge Rodríguez Lagos

venían a toda carrera con una vara en las manos
el sudor era una pequeña tormenta en sus infantiles caritas

- de donde vienen mis mores / pregunte / tan agitadas
- de por ahí papi ; de por ahí / respondieron
- de por ahí donde? / volví a preguntar /dejando a un lado la maquina
de escribir
- de pelear con esta varita /respondieron-riéndose/ con la cabeza
de un perro
- ? con la cabeza de un perro ...?
- si papi un perro tenía la cabeza sobre el muro y gritaba :
! hermanos - hermanos! tengo hambre, mucha hambre
! hermanos !
- y ustedes entienden el idioma de los perros /pregunte/
- si papi así decía
tengo hambre tráiganme a esas dos niñas para comérmelas
entonces tomamos esta varita para darle en el pico
Porque nos quería comer