LA SOLEDAD


En un lugar  cualquiera
en una ciudad  perdida
donde los sueños anidan
junto a silencios universales,
bruscas y apagadas soledades.

Miro los ventanales, la tarde
alumbra silencios nocturnos,
la espera, desesperante es, 
 reloj, dictadura del tiempo
no oscurezcas mi esperanza.

Que hermosa era la soledad
cuando efímera y extraña
flotaba en nuestro universo
como amapola en trigales 
verdes, que dulce retiro.

Sonidos esperados, gratos sonidos,
familiares, señales de arribada
el reloj, el tiempo imparable
camina en su precisa tiranía 
una mano de soledad me atenaza.

Soy esa ermita olvidada
en la colina de las ausencias
donde no llegan peregrinos
donde el silencio atenaza
hasta las esquivas plegarías.

Me consuela mirar la Luna
envidio su luz prestada
como se escapa de la mar
como duerme en la montaña
oh triste soledad obstinada.

El reloj, ya no importa
hoy, nadie vendrá
comienza otra dictadura
la lentitud del tiempo
donde mora la soledad.


José Antonio Pastor

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1 comentario:

  1. Es un poema estupendo.
    Me gustó mucho.
    Un abrazo.

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