LA TARDE NOS ELIGIÓ, AMOR...


Te vi al despuntar
el alba, en la cima
de una montaña,
tus cabellos al viento,
tu calida mirada,
tus manos extendidas
como si en ellas se te
fuera la vida.
Empecé amarte día
tras día, vì en ti,
el caballero galante,
tierno, aunque parezcas
distante.
De voz suave y risa
cautivadora,
llenaste todo mi ser
en ese instante,
comprendí, que nada
tiene el que atesora,
que sólo Dios consuela
al que llora,
al que reconoce su
pequeñez e implora.
Yo, no te escogí, ni tú a mí.
Nos escogió una tarde
que moría sola,
nos miró y se iluminó
con tu brillo, que unió
al mío en pocas horas,
sin medir distancias,
tiempo, ni espacio,
Ella, la tarde…
nos trabajó sin descanso,
Ahora es feliz, viéndonos
a los dos sonreír,
Acariciarnos,
reconociéndonos.
Amándonos,
Iuyendo.
Te entrego mi alma
desnuda, arrópala
con tu locura,
y llénala de ternura.
Ahora estas en mí
fundido, porque
la tarde lloraba
y se le ocurrió unirnos.
La tarde es nuestro testigo,
y el eco, su mejor amigo.
Si, tu sabes
quien soy amor,
yo, solo sé,
que tu eres más
que un amigo.
Se, que solo quiero
permanecer contigo.
 
 
Astrid Sofía
 
 
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