de las especias y de los jazmines
en las calles de Marrakech.
La calidez grana de sus murallas,
el bullicio de la plaza y el sonido
del muecín cantando al anochecer.
Quise llenar de hierbabuena,
de dátiles, de naranjas y de miel
las yemas de mis dedos para plasmarlos
en los versos sembrados en un papel.
(Paseos en calesa bajo la luna de abril
entre buganvillas pálidas y cielo gris)
Mas…se perdió entre dos tiempos
el hechizo imposible de tu piel
y se escribió el secreto de la magia
negra y blanca del ayer.
Un velo blanco cubrió el sueño de Marrakech.
Amelia Díaz
DEJA TU COMENTARIO





























