LA IRA


Lo vi venir de lejos, galopando en dirección segura. 
Solo, tomado de las crines en una desenfrenada carrera contra el viento.
Su cabellera larga, renegrida se alisaba hacia atrás.
Pasó a mi lado como un torbellino que lo llevaban mil demonios.
Tembló mi cuerpo por lo que pudiera suceder, lo seguí mirando hasta que desapareció. 
Fue solo punto negro en el horizonte.
Nunca más volvió al pueblo, y nadie supo de él.
En su rancho, quedaron los gurises sin entender nada.



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